Mi Equipo de Apoyo

Hace unos días me encontré con una amiga, compañera de jangueo en el Colegio de Mayagüez. Gracias a Facebook he mantenido contacto con ella y he visto la familia tan hermosa que ha formado junto a su esposo e hija. Ella, a pesar de ser del área oeste, se mudó para San Juan por motivos de trabajo y terminó con residencia permanente allí. Mientras hablábamos me contaba del deseo que tenía de tener otro hijo pero de lo difícil que se le iba a hacer. Sus abuelos ya fallecidos, fueron los que la criaron. Ahora decía sentirse sola, y sin esa ayuda tan importante que te brinda tu familia a la hora de criar un hijo.

Su situación me hizo pensar inmediatamente. No pude evitar compararme con ella y ver la diferencia tan grande que existe en ese aspecto. Mi hijo cuenta con mis padres y mi suegra. Tiene la dicha de tener tres bisabuelas que le cumplen cada capricho sin pensarlo dos veces. Los fines de semana usualmente duerme en casa de mis padres y pasa todo el día jugando en el campo, por lo que puedo organizar cualquier salida o comida con mis amigos o esposo sin ningún problema. Los días que no tiene clases se va con mi papá a trabajar. El se encarga de su nieto todo el día, lo lleva a comer lo que él quiera y le compra todas las papitas y chucherías que yo no le doy.

Sin embargo, son muchas las veces que no aprecio todo lo que mi familia hace por mí o mi hijo. Mientras conversaba con mi amiga me daba cuenta de todo esto. ¿Cómo es posible que yo me este quejando porque a causa de un día de campo con mi papá tuve que suspender una lectura de cuento en el Museo? Mi chico quizás no se benefició de la lectura de ese cuento, pero a cambio aprendió lo que es sembrar unas semillas, verlas crecer, cultivarlas y finalmente comérse su cosecha. Bueno, con excepción de las habichuelas, que no hay forma de lograr que se las coma.

Gracias a esas experiencias con mi familia mi chico también sabe lo que es ir a pescar, montarse en una máquina o excavadora para trabajar, guardar mercancía en las góndolas de un supermercado, limpiar hojas de la piscina; en fin, experiencias que de una manera u otra también lo educan. Podría continuar enumerando las virtudes que gozamos como familia de tener este grupo de apoyo, pero estoy tratando de mantener mis posts de menos de 500 palabras J

Cada día que pasa tenemos que darle gracias a Dios por las bendiciones que nos brinda y la forma en que las recibimos, ya sea en la forma de un libro, una palabra o un abuelo consentidor. ¿Tienes tú ese familiar especial que te ayuda con tu hijo? ¿Le has dicho muchas veces cuanto que se lo agradeces? ¿Que estas esperando?

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6 responses

  1. Eres muy dichosa!! En mi caso sólo cuento con mi mamá y no la ocupo mucho, no hay mucha oportunidad d salidas, ni d relax para mi. Pero agradezco a Dios lo puedo manejar y soy dichosa d poder estar ahi para mi niño. Ser madre es hermoso y como tú dices, cada experiencia q vivan les ayuda y ven el lado d lo q realmente importa, cuidar la tierra, estar con la familia, jugar y jugar. 🙂

  2. Tienes toda la razón, el tener la familia cerca es un privilegio y ni se diga de la familia extendida, (abuelas y tias que no son de sangre), son los mejores seres humanos del mundo y hay que reconocerlos…

  3. Que afortunada de tener a la familia cerca y sobre todo de dejar que disfruten a tu pequeño. Yo soy afortunada porque cada que podemos disfrutamos a los abuelos, no estamos en la misma ciudad pero cuando lo hacemos es intensivo.

    Saludos

    Susana

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